Las personas somos animales

Las personas[1] somos animales. Aunque es algo evidente, todavía a día de hoy existen muchas personas con fuertes prejuicios o sesgos cognitivos que les llevan a rechazar tajantemente esta realidad y se niegan en rotundo a cuestionarse desde un punto de vista de análisis objetivo la posible veracidad de la afirmación.

Las personas somos animales pues presentan todas las características propias de este grupo, de la misma forma que son también mamíferos y primates. Simplemente se necesita leer cuáles son los rasgos que caracterizan a los animales (y a los mamíferos y los primates) para comprobar que las personas efectivamente los cumplen. Así que la cuestión no admite mucha discusión.

Las personas son una de las múltiples ramificaciones del extenso árbol de la vida (1, 2). En ese árbol, conjuntamente las personas constituyen una especie (Homo sapiens) diferenciada de las demás (cada especie es un grupo diferenciado de los demás, porque en caso contrario no constituiría una especie diferente) al solo ser viable el entrecruzamiento natural entre individuos de la misma especie y no con los de las restantes especies, separación responsable de que los individuos de cada especie constituyan una entidad que comparte un conjunto genético (que se traduce en un conjunto de rasgos fenotípicos) diferenciado. Por tanto, no somos un árbol separado del resto de los organismos vivos de nuestro planeta, no estamos más evolucionados que el resto (las personas acarreamos a nuestras espaldas los mismos millones de años de evolución que el resto de los seres vivos actualmente existentes en nuestro planeta) y debido a cómo funciona la evolución, responsable de que seamos como somos, no tenemos ningún rasgo cualitativamente rupturante sino que las diferencias son solo de graduación y modificación progresiva. Pero la idea de sentirnos extraordinarios y superiores a los demás es atractiva para ciertas personas en relación al resto de los organismos vivos (similar a lo que ocurre en los racismos y nacionalismos), en consecuencia la "excepcionalidad humana" ha intentado ser enfatizada mediante un listado de rasgos positivos supuestamente exclusivos de las personas (amor, altruismo, consciencia, contemplación, creación y disfrute artístico, creencias religiosas, cultura, imaginación, inteligencia, juego, lenguaje, moral, pensamiento abstracto, placer, razonamiento, sentimientos, sexo por placer, simbolismo, uso de herramientas,... – en contraposición, todos los rasgos negativos e indeseables de comportamiento como la agresividad, la brutalidad, la violencia o la irracionalidad se han pretendido asociar a los "animales" entendido como animales diferentes a personas–), pero la realidad es que a medida que se ha avanzado el estudio científico del comportamiento animal se ha ido progresivamente tachando cada uno de los rasgos enumerados. Al respecto resulta de interés la "Declaración de Cambridge sobre la Conciencia Animal" de 2012, el libro "Justicia salvaje: La vida moral de los animales" de Marc Bekoff y Jessica Pierce, y la serie documental "Animaux trop humains" (conocida como "Animales como nosotros" 1 y 2 en español).


PD: Como medida para llamar la atención sobre el extendido antropocentrismo, podéis dejar de entrar en las tiendas o espacios comerciales que luzcan el típico cartel de "prohibido la entrada de animales" y comentar el tema a vuestros conocidos... recordad que no es boicot, sino escrupuloso cumplimiento de las normas, jeje.


[1] Las limitaciones de la lengua usada no permite una buena diferenciación léxica de los conceptos aquí usados. Se usa "humano" o "humanos" para cualquier referencia a la especie de la que formamos parte todas las personas, denominada científicamente Homo sapiens. Así hablamos de evolución humana, historia humana, ciclo vital humano, anatomía humana, huesos humanos, cerebro humano, genoma humano (las técnicas genéticas actuales permiten determinar en caso de duda si algo es humano o no), enfermedades humanas, nutrición humana, actividades humanas, sociedades humanas, demografía humana,... "Persona" hace referencia a cada individuo de la especie humana (esto es, cada entidad de la especie Homo sapiens que funciona como organismo biológico independiente y dotado de un cerebro capaz de procesar información y decidir acciones a realizar). Esta diferenciación lingüística entre especie e individuos es importante y también tiene lugar en varias especies animales con larga historia de domesticación (p. ej. equino y caballo / yegua, bovino y vaca / toro) pero no en otras muchas (p. ej. leones: "los leones son mamíferos" alude a la especie, mientras que "los leones del zoo" hace referencia a individuos). Lamentablemente, es habitual usar "humanos" y "personas" como sinónimos, como consecuencia de una confusión conceptual generada por la carencia de una buena diferenciación léxica (así, la "Declaración Universal de Derechos Humanos" es realmente la "Declaración Universal de Derechos de las Personas").