El verdadero problema de la ganadería no son los daños por lobos

En muchos lugares del planeta a lo largo de los años, y como caso concreto durante el primer trimestre de 2020 miles de agricultores y ganaderos en todas las provincias españolas protestan para denunciar el grave problema que sufren y que pone en peligro la actividad agroganadera: les pagan precios míseros por los alimentos que venden, apenas obteniendo ganancia monetaria cuando no directamente sufren pérdidas. Llama la atención que esto sucede por igual en todas las provincias españolas, pero mientras la gran mayoría apuntan claramente que el culpable es el sistema de compra-venta impuesto por el oligopolio de empresas comercializadoras de alimentos con la connivencia de los políticos que no regulan el sistema económico, sucede que en las provincias con presencia de lobo (como Asturias) una minoría vociferante autoproclamada como portavoces que ha logrado engañar a significativa cantidad de ganaderos señalan que el problema no es ese sino los lobos y la fauna silvestre en general. Si nos dejamos de prejuicios, subjetividades e ideas preconcebidas sin fundamento, los datos reales muestran que el verdadero problema de la ganadería indudablemente NO son los daños por lobos. El lobo ha sido vilmente usado como añagaza o señuelo para vergonzosamente engañar a los ganaderos para que enfoquen su malestar hacia esta "cabeza de turco" desviando la atención de los verdaderos problemas de la ganadería. El verdadero problema de los ganaderos es el escaso beneficio (cuando no pérdida) obtenida de la venta de la carne y la leche, y de eso quien tiene la culpa no son las especies silvestres sino es el acaparamiento de la economía en todas sus escalas por un sistema de mercado nacional y global de carácter liberal/neoliberal en el que quienes tienen la "sartén por el mango" (unas pocas empresas enormes que dominan los canales de comercialización masivos, más los mercados y fondos financieros que especulan con el precio de los alimentos como hacen con cualquier otra cosa sin ninguna consideración más que la obtención de la máxima ganancia monetaria) buscan incesantemente incrementar sus beneficios aumentando sus precios de venta mientras mantienen bajos los precios de compra en origen, aprovechándose que en este caso los productores son muchos muy pequeños y sin fuerza negociadora en este sistema (no olvidemos la multa de casi 100 millones de euros impuesta a las grandes empresas lácteas españolas por pactar el pago de bajos precios a los ganaderos, al más puro cártel). Los políticos, que gestionan los poderes ejecutivo y legislativo en calidad de representantes de la población bajo la premisa de velar por lograr el bienestar general de las personas, en lugar de realizar cambios para reconducir el sistema económico hacia mejorar las condiciones de vida de la población (por ejemplo: control público que garantice precios mínimos justos en origen, fomento de mercados pequeños –locales y regionales, "canales cortos de comercialización"– en lugar de un único mercado gigante que siempre es proclive a oligopolios de unas pocas grandes empresas comercializadoras, realización de campañas de concienciación pública sobre consumo responsable que hagan cuestionarse lo que hay detrás de los precios y los productos, pero NO la actual estrategia de subvenciones que no ataja los verdaderos problemas y sólo sirve para "callar bocas" a cambio de meter dinero público en los bolsillos), por connivencia no toman medidas que puedan reducir el lucro de las grandes empresas que se benefician del actual sistema debido a que se benefician a título personal mediante el sistema de "puertas giratorias", sobornos y otros lazos antiéticos entre políticos y grandes fortunas. Las especies silvestres en general y los lobos en particular, no tienen la culpa de los bajos precios de compra de la carne y la leche en origen. Lo triste de la añagaza o señuelo del lobo, es que muchos ganaderos han "picado", y no sólo lo han asumido sino que duramente defienden que el problema de la ganadería son los lobos y la fauna silvestre en general.

Lamentablemente aún en el siglo XXI, a pesar de existir gran cantidad de conocimiento científico objetivo que nos permite conocer como funciona realmente la realidad sin recurrir a ideas falsas y erróneas, supercherías y creencias mágicas, es frecuente escuchar constantemente prejuicios y creencias infundadas a la hora de hablar de la naturaleza, las especies silvestres y el lobo (Canis lupus) en particular, no solo entre personas que no han podido disfrutar de una buena educación sino peor aún también en boca de los políticos y administradores públicos. En el presente texto se expondrá los datos reales, que deberían ser siempre la base de la construcción de opiniones y toma de decisiones.

Uno de los bulos más frecuentes que "hay que matar lobos porque si no habría una sobreabundancia y una plaga". La naturaleza y las especies como el lobo existen desde mucho antes de que apareciera la especie humana, y la mayor parte de su existencia ha transcurrido sin la presencia de nuestra especie, por lo que resulta obvio que en ausencia de personas que maten animales para "controlar sus poblaciones" no se produce la destrucción de la naturaleza y los ecosistemas ni plagas y sobrepoblaciones de especies, sino por el contrario es la actividad humana la que suele causar problemas (en concreto el lobo habitaba Europa hace ya 3 millones de años mientras que nuestra especie se originó en África hace medio millón de años y llegó a estas tierras hace 45000 años aún como cazadores-recolectores, inventándose la agricultura y ganadería hace 10000 años en Asia). La Ecología es la ciencia que estudia las interacciones de los organismos vivos con su entorno, es una ciencia con siglos de desarrollo que explica entre otras muchas cosas que las poblaciones de las especies no aumentan exponencialmente hasta el infinito sino que se regulan por procesos ecológicos. Esto es fácilmente observable en el hecho de que las especies que no se matan (eufemísticamente "controlan sus poblaciones") que van desde pequeños pájaros a grandes águilas, sus poblaciones no aumentan infinitamente originando sobreabundancias y plagas. En concreto, el lobo común (Canis lupus) es una especie social: sus poblaciones se organizan en grupos reproductores, compuestos por una pareja reproductora, uno o varios no reproductores (típicamente son crías de los 2 años previos) y crías del año de la pareja reproductora, siendo su reproducción fuertemente regulada por mecanismos de ecología social entre los individuos. Teniendo en cuenta que el tamaño medio de grupo de lobo ibérico en primavera es de 3.1 ejemplares (2.3 a 4.0), considerando que la población ibérica de lobo se encuentra entre 250 y 300 o entre 300 y 350 grupos dependiendo de la estimación, sumando un 15% de individuos en dispersión, la población ibérica oscila entre 891 y 1070 o entre 1070 y 1248 lobos. Debe tenerse en cuenta que los criterios de la IUCN que son la referencia internacional para evaluar el estado de las poblaciones de especies en el planeta, señalan que un tamaño poblacional estimado en menos de 1000 ejemplares adultos requiere ser considerado Vulnerable a la Extinción y un tamaño poblacional estimado mayor de 1000 ejemplares adultos pero menor de 2000 supone Casi Amenazado, por tanto es falso el bulo "el lobo es una especie no amenazada". El tamaño de población efectivo (Ne) de la población ibérica se estima en aproximadamente 50 (dos estimaciones científicas han determinado 53.8 y 43.2). Este tamaño poblacional es igual al tamaño mínimo viable a corto plazo (Ne = 50), pero no es viable a largo plazo (Ne = 500). Otro bulo habitual es que "el lobo es una especie no protegida". El lobo sí es una especie protegida: el vigente Convenio relativo a la conservación de la vida silvestre y del medio natural en Europa, hecho en Berna el 19 de septiembre de 1979, lo ampara en su "Artículo 7.2. Cualquier explotación de la fauna silvestre enumerada en el Anejo III se regulara de tal forma que mantenga la existencia de esas poblaciones fuera de peligro", y la Directiva 92/43/CEE del Consejo, de 21 de mayo de 1992, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres, señala en su "Artículo 14.1. Si los Estados miembros lo consideraren necesario a la vista de la vigilancia prevista en el artículo 11, tomarán medidas para que la recogida en la naturaleza de especímenes de las especies de fauna y flora silvestres que figuran en el Anexo V, así como su explotación, sean compatibles con el mantenimiento de las mismas en un estado de conservación favorable".

No olvidemos que la verdad es que el lobo ha sufrido un fuerte declive y reducción de sus poblaciones y su área de distribución en los últimos siglos, debido a la caza y el veneno, y solo la mejora de la educación de las personas y la concienciación ambiental de la población (mención especial a Félix Rodríguez de la Fuente en España) ha logrado parar este proceso antes de llevar el lobo a la extinción y ahora comienza a recuperarse. La "invasión" o "plaga" tan frecuentemente aludida no es sino la recuperación de una especie allí donde estaba presente desde hace milenios hasta hace unas pocas décadas. Dado que el lobo habitaba toda la península ibérica hace un siglo y aún ocupaba la mitad hace medio siglo, el eslogan "nunca hubo lobos aquí" es simplemente falso y con escaso recorrido histórico. Y no olvidemos que hablamos de recuperación, y recuperar es "volver a tomar o adquirir lo que antes se tenía" y "volver a un estado de normalidad después de haber pasado por una situación difícil". Y a pesar de esta realidad, en Asturias el "II Plan de Gestión del Lobo en el Principado de Asturias" (Decreto 23/2015) declara media Asturias "zona libre de lobos", donde cualquier lobo que aparezca puede ser matado bajo la falsa premisa de no ser autóctono. Es llamativo que la gestión del lobo en Asturias que promociona el gobierno regional se empecina en basarse en matanzas de lobos (en Asturias se matan todos los años numerosos lobos bajo el eufemismo de "controles de población", lo que viene a significar matar lobos indiscriminadamente, con el supuesto objetivo de reducir los daños a la ganadería) cuando el propio "Programa de Actuaciones de Control del Lobo 2017-2018" señala que el número de grupos (total y reproductores) se mantiene estable (con una población de 135 lobos en época invernal, que supone 0.0001 lobos/persona en Asturias o a la inversa 7723 personas/lobo) y el número de daños está en descenso, con un número real de daños muy inferior a lo que parecería sobrentenderse de las declaraciones de políticos y autonombrados portavoces ganaderos: 0.003 daños/cabeza en bovino en extensivo, 0.019 en caprino en extensivo, 0.061 en equino en extensivo y 0.031 en ovino en extensivo, siendo el coste del pago de daños de 0.80 €/persona al año (menos de tres cuartas partes del precio de la taza de café que la mayoría de las personas toman al menos una vez al día), por tanto es falso el bulo "el lobo produce muchos daños a la ganadería, es un gran problema para la ganadería".

El pago de los daños se gestiona mal, o fatal. Como los daños cuestan dinero (aunque los daños por lobos supone menos del 1% de las subvenciones agroganaderas en Asturias), el gobierno juega a los retrasos de los pagos. Los retrasos alimentan el malestar de los ganaderos hacia los lobos, así que el gobierno afirma "el sistema de pago de daños genera malestar, pasemos mejor directamente a matar lobos". Matar lobos es gratis, y "matar al enemigo" produce un placer atávico que da la sensación de resarcir el daño causado, lo que se traduce en votos, gran argucia del gobierno. El problema es que matar lobos está comprobado científicamente que no funciona para reducir daños, sino todo lo contrario, los incrementa, como se comentará después. Pero matando lobos el gobierno consigue contentar a los ganaderos (y de camino a los cazadores), y así todos felices atrapados en una espiral de mentiras. Si se incrementan los daños, pues se matan más lobos. El gran perjudicado de esta farsa es el lobo, pero ¿a quién le importa los bichos silvestres y la naturaleza?... y los grandes beneficiados son quienes logran seguir ganando más y más dinero lucrándose de un sistema de mercado alimentario injusto que nadie corrige. Si la gran mayoría de las explotaciones ganaderas registran menos de 2 o 3 daños al año y hay poquísimos ganaderos que acumulan una enorme cantidad de daños, lo oportuno es estudiar estos pocos casos para plantearse qué está pasando. Una gran parte de los casos de daños al ganado se deben al empecinamiento de no adoptar medidas preventivas por los ganaderos afectados, algo que debería ser forzado por el gobierno condicionando el pago de daños reiterado a la adopción de medidas preventivas, considerando que el pago de daños se hace con dinero público que es de todos y que es limitado y por tanto no puede desperdiciarse en sostener actitudes negligentes. También es negligente la posición del gobierno de rechazar la utilización de técnicas genéticas (muy baratas actualmente) para la determinación de la especie causante de los daños (ojo que el lobo es bastante carroñero, por lo que si la ausencia de ADN lobuno implica que no ha participado en la muerte del animal, su presencia no supone lo opuesto sino puede simplemente deberse ha que ha carroñeado en el cadáver), recordando que allí donde ha sido utilizado por investigadores se ha encontrado que una parte considerable de los daños atribuidos a lobos son realmente de perros (de hecho en Reino Unido, donde no hay lobos, los perros asilvestrados matan anualmente un promedio de 30000 ovejas y 10000 corderos cada año). Pero además, hay un problema, que por incómodo y desagrable que sea, debe hablarse públicamente y solucionarse. El vigente sistema de pago de daños mantenido irresponsablemente en contra de los conocimientos científicos disponibles solo por interés político de ganar votos, llega a ser corrupción política, ocultando de la luz pública como tabú por connivencia de intereses de políticos y algunos ganaderos un grave problema: el fraude en los pagos de daños. Las pocas veces que el tema es comentado públicamente, es rápidamente negado y ocultado por los ganaderos (lamentablemente, el sentimiento de hermandad dentro del colectivo llevado a su vertiente negativa, hace que los ganaderos respalden incondicionalmente a cualquier compañero que es criticado "desde fuera" –"si atacan a uno de los nuestros es como si nos atacasen a todos"– aunque realmente su actitud sea antiética, repudiable y criticable) con la colaboración de los políticos (pues ganan votos "haciendo la vista gorda" y respaldando a un pequeño grupo vociferante). La verdad es que una parte de los daños son fraudes, guste o no la realidad, pero es la realidad. Y la realidad se cambia aceptándola en primer lugar. La gran investigación de la Guardia Civil ("Operación Loki") ha llevado a imputar a más de 350 ganaderos asturianos por fraude en el cobro de daños de lobos. Tenemos que ser críticos en la vida con todo, no sólo con quien identificamos como "enemigos" sino también con nosotros mismos, nuestra familia, amigos y compañeros, porque la crítica es la premisa para mejorar y corregir lo que está mal. Protegiendo a un compañero que sabemos ha defraudado no estamos haciendo de éste un mundo mejor, sino que estamos haciendo lo que criticamos, estamos enterrando nosotros mismos la posibilidad de avanzar hacia una sociedad más ética y justa. No podemos consentir comportamientos antiéticos ni fuera ni dentro de casa, debemos ser contundentes siempre.

Si el pago de daños es mal realizado, también lo es la medida de gestión que el gobierno utiliza ("matar lobos para reducir daños"). Las matanzas (muertes indiscriminadas) de lobos se basan en la hipótesis de una relación recíproca entre el número de lobos matados y el número de ganado atacado, de forma que al matar más lobos se reducirían los daños proporcionalmente. La ecología ha demostrado en muchas ocasiones que son erróneas las hipótesis simplonas que ignoran la complejidad de las interacciones ecológicas entre los organismos vivos de una misma especie, entre especies y con su entorno. Los estudios científicos, analizando los datos reales, encuentran que al matar lobos indiscriminadamente aumenta el número de ganado atacado salvo que se lleve la matanza de lobos hasta la completa extinción (lo cual es antiético, entiecológico e ilegal) (véase entre otros: Robert Wielgus & Kaylie Peebles (2014), Elizabeth Bradley (2004), Alberto Fernández Gil (2013)). ¿Por qué sucede esto que es contrario a la sencilla hipótesis de menos lobos = menos daños? Se debe a que es una especie social y matar lobos indiscriminadamente provoca que donde había unos pocos grupos grandes pasen a haber numerosos grupos pequeños que provocan mayor número de daños al ganado con igual o menor número de lobos. Esto sucede por varias razones estrechamente relacionadas entre sí: los grupos pequeños de lobos solo pueden cazar presas fáciles y los grupos pequeños de lobos matan más animales per cápita (debido a la ecología de la especie, con control reproductivo social, los grupos pequeños tienen mayor proporción de individuos jóvenes con mayor consumo per cápita, además los grupos pequeños son menos eficientes aprovechando la cantidad de alimento de cada presa) (véase p. ej. Włodzimierz Jedrzejewski, Krzysztof Schmidt, Jörn Theuerkauf, Bogumiła Jedrzejewska, Nuria Selva, Karol Zub & Lucyna Szymura (2002)). Debido a ello, los estudios (p. ej. Camille Imbert, Romolo Caniglia, Elena Fabbri, Pietro Milanesi, Ettore Randi, Matteo Serafini, Elisa Torretta & Alberto Meriggi (2016)) encuentran que los factores que reducen la depredación del ganado son la presencia de grupos estables en lugar de lobos en dispersión, la adopción de medidas de prevención de daños al ganado, la abundancia de presas silvestres como corzos, y el porcentaje de bosques caducifolios, y en consecuencia las medidas para reducir el número de daños al ganado son promocionar la expansión de ungulados silvestres, el uso de herramientas de prevención de daños al ganado, el apoyo al establecimiento de grupos estables de lobos, y evitar el control letal y la caza furtiva. Matar lobos no ayuda ni a calmar el malestar de los ganaderos, no solo porque matar lobos provoca un aumento del número de daños al ganado, sino que permitir o promover matar legalmente un número limitado de lobos no reduce sino aumenta las muertes ilegales (véase p. ej. Guillaume Chapron & Adrian Treves (2016)). La conclusión clara es: matar lobos para reducir daños al ganado no funciona sino que tiene el resultado contrario. La reducción de los daños de lobos al ganado debe fundamentarse necesariamente en las medidas protectoras (cercados temporales, pastores y perros). Hay disponibles revisiones y guías de medidas preventivas, como Ilka Reinhardt, Georg Rauer, Gesa Kluth, Petra Kaczensky, Felix Knauer & Ulrich Wotschikowsky (2010, 2012), Unión Europea ("Large Carnivore Management Plans of Protection: Best Practices in EU Member States"), Sadie Parr ("A ranchers guide: Coexistence among Livestock, People & Wolves"), Suzanne Asha Stone ("Livestock and Wolves: A Guide to Nonlethal Tools and Methods to Reduce Conflicts") y MAGRAMA (Guías de medidas (2015): "Protección de explotaciones de ganado bovino: interacciones del lobo ibérico (Canis lupus)" y "Protección de explotaciones de ganado ovino y caprino: interacciones del lobo ibérico (Canis lupus)"). Lamentablemente las medidas protectoras no suelen recibir la debida atención o apoyo de muchos gobiernos, administraciones públicas y ganaderos, como ejemplo ilustrativo en Asturias se destina (y solo desde recientemente) a promover la adopción de medidas preventivas solo la décima parte del dinero que se destina al pago de daños, un escaso dinero que solo alcanza para la cuarta parte de las solicitudes de forma que se quedan sin ayuda el 75%, y eso que el número de solicitudes es bajo debido a la escasa promoción y difusión que el gobierno regional hace de estas ayudas. Y mientras, en pleno auge del consumo crítico y ecológico, y en plena crisis del precio en origen de alimentos de cercanía, se desaprovecha la gran oportunidad de promocionar comercialmente la ganadería de las zonas donde se conviven con lobos de forma ecológica y sostenible mediante "sellos de eco-coexistencia" (véase p. ej. Chris Johnson & Arian Wallach (2016)).

En resumen: Una buena gestión del lobo debe basarse en cuatro puntos:

1) La reducción de los daños por lobos debe necesariamente fundamentarse como pilar principal en la adopción de medidas protectoras y preventivas de daños. Las personas y colectivos relacionados deben ayudar a promocionar y difundir esto, y el gobierno debe asumirlo e interiorizarlo como base fundamental de la gestión del lobo, promoviendo campañas informativas y ofreciendo asesoramiento científico-técnico y ayudas económicas adecuadas para fomentar su adopción.

2) El pago de daños debe ser rápido, ajustado a los precios reales, siempre fundamentado en la comprobación genética de la autoría del daño y condicionado a la adopción de medidas protectoras y preventivas de daños.

3) Si existieran, deben estudiarse con rigor científico-técnico aquellos casos en los que la adopción de medidas protectoras y preventivas de daños no demostrasen la eficacia esperable, para mejorar su diseño e implementación. Solo en los casos que no fuera posible la adopción de medidas protectoras y preventivas eficaces será considerada una medida justificable la extracción de lobos, siempre referidos a individuos concretos y nunca mediante el establecimiento de cupos.

4) Se promoverá la creación, gestión y otorgamiento (basados en los criterios de transparencia y rigor científico-técnico) de "sellos de eco-coexistencia" a aquellas actividades que coexistan con el lobo apoyando los puntos anteriores y promocionen la coexistencia frente a la enemistad con el lobo.



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