Salud ambiental: Nos estamos envenenando y no es noticia

Nicolás Olea Serrano, referencia destacada en el ámbito de la salud ambiental, comenta con frecuencia cuando le realizan alguna entrevista, que su interés y pasión por el tema arrancó cuando comenzando a estudiar las sustancias que causan cáncer de próstata, comprobó con perplejidad que el propio plástico de los tubos de microcentrifugadora donde guardaba las muestras desprendían esas sustancias. Esto generaba una inquietante pregunta: si los tubos de microcentrifugadora están fabricados del plástico más inerte posible (que menos reacciona con su contenido) y libera estas sustancias cancerígenas aún bajo rigurosas condiciones para su óptima conservación, ¿qué está sucediendo con todos los envases de plástico de nuestra vida cotidiana, hechos de un plástico de menor calidad y tratados con menor cuidado?

Con una intensa y rigurosa carrera investigadora a su espalda, Nicolás señala claramente: La exposición prolongada y en bajas dosis a las sustancias sintéticas[1] contenidas en biocidas, plásticos, cosméticos, pinturas,... es el factor fundamental detrás del incremento de la incidencia del cáncer. El primer riesgo prevenible en los cánceres hormonales (de mama, de próstata, de tiroides, ginecológicos,...) es la exposición química ambiental. O dicho de otra manera: Nos estamos envenenando y no es noticia. "Nuestro futuro robado: ¿Amenazan las sustancias químicas sintéticas nuestra fertilidad, inteligencia y supervivencia?", es el título del libro de Theo Colborn (que posteriormente fundó TEDX), John Peterson Myers, y Dianne Dumanoski que en 1997 recopiló buena parte de las evidencias científicas ya acumuladas hasta el momento sobre el impacto de la proliferación en nuestra vida cotidiana de una gran cantidad de sustancias químicas sintéticas a raíz de la denominada "Revolución Química" y las repercusiones que tendrán en las generaciones venideras, y las redactaron en forma de un texto fácil de leer para el público general. Libro que ha dado lugar a numeroso material de divulgación, con títulos tan alusivos como "Nuestros hijos nos acusarán", y declaraciones como el Llamamiento de París o la Declaración de Praga. Y, sin embargo, aquí seguimos, con la misma falta de concienciación sobre el tema de la salud ambiental, incluso en muchas personas que afirman interesarse por temas de medio ambiente y/o de salud.

Como ejemplos (ver también 1, 2, 3, 4 y acerca de algunas de las mayores intoxicaciones de la historia ver la página 112 de 5 y 6): el bisfenol A se encuentra en las latas de conservas, los envases de plástico duro (incluidos biberones) y el papel reciclado, los ftalatos en pinturas, cremas y plásticos blandos, el laurilsulfato sódico (SLS) y los parabenos (7, 8) en cremas, champús, geles y cosméticos, el hexaclorobenceno usado en los tratamientos de la madera, el teflón usado como revestimiento antiadherente de sartes, ollas y planchas de cocina, pero también en las uniones de las tuberías de conducción de agua, el policloruro de vinilo (PVC o vinilo) con un amplio uso en la industria que va desde material empleado en la fabricación de las tuberías de conducción de agua hasta adhesivo de las bolsitas de té o infusiones... Para todos ellos existen en mayor o menor cantidad pruebas científicas de sus efectos perniciosos sobre la salud. En los temas de salud, como en cualquier objeto de intereses económicos, las grandes empresas imponen sus intereses sobre cualquier otra cuestión como pueda ser la salud de la población. Por ejemplo, las enormes dificultades para el investigar los posibles efectos sobre la salud de los campos electromagnéticos RF (móviles, internet inalámbrico,...) y ELF / EMF (secadores de pelo, máquinas de pelar, microondas, hornos eléctricos, tendidos eléctricos,...) que han proliferado en las últimas décadas, debido a las grandes expectativas económicas puestas en la proliferación de aparatos electrónicos en la vida de las personas (muy lejos de las actuales cifras legales, la extensa revisión de artículos científicos publicada como Informe Bioinitiative en 2007 (resumen, en español, otras revisiones: ICEMS, Osmo Hänninen et al.) recomendó reducir el límite legal para ELF a 0.1 µT = 100 nT = 1 mG y para RF a 0.1 µW/cm2 = 0.6 V/m, algo respaldado por varias resoluciones (por ejemplo) y en línea con ello la Resolución 1815 (2011) del Parlamento Europeo (en español - ver exposición de motivos) recomienda reducir el límite legal hasta 0.6 V/m = 0.1 µW/cm2 a corto plazo y hasta 0.2 V/m = 0.01 µW/cm2 a medio, algo técnico-económicamente viable y por tanto recomendable su realización aplicando el principio de precaución, pero que no se está haciendo lo que ha dado lugar a un Manifiesto Europeo con importante respaldo).

Hay personas especialmente sensibles a la exposición a estas sustancias químicas sintéticas (y con cierta frecuencia también a los campos electromagnéticos), cuya presencia les desencadena reacciones a un nivel superior que a la mayoría de la población. Estas personas sufren Sensibilidad Química Múltiple (SQM). María José Moya en "Mi estrella de mar" y Eva Caballé en "No Fun" cuentan su día a día, qué sustancias habituales en nuestro entorno perjudican a la salud y qué medidas adoptan para evitarlas (por ejemplo). Al igual que los anfibios, les afectan las mismas sustancias químicas que perjudican a toda la población pero son sensibles a concentraciones menores de las que producen efectos apreciables a la mayoría de las personas, por lo que poseen un excepcional valor al alertar de la peligrosidad y los previsibles efectos para la salud humana de muchos compuestos que estamos usando inconscientemente en la actualidad. Es por esta razón que uno de los primeros documentales sobre Sensibilidad Química Múltiple en España se llama "Los pájaros de la mina", en alusión a los pájaros que se usaban antaño en las minas para alertar de cambios peligrosos en el aire dentro de las galerías debido a la especial sensibilidad de las aves (otro documental es "Centinelas de la vida").

La incidencia de cáncer en España (sucede algo similar en los demás países) en el periodo 1998-2002 pasó de 204 a 286 casos por cada 100.000 mujeres y de 324 a 511 casos por cada 100.000 hombres (La situación del cáncer en España, 1975-2006. Instituto de Salud Carlos III), y es la primera causa de mortalidad en España y en el conjunto de los países monetariamente ricos (Instituto Nacional de Estadística). El cáncer con mayor incidencia entre la población adulta española es el colorrectal, seguido del de mama y del de pulmón. Por sexos, en las mujeres es el de mama, los ginecológicos y el colorrectal, mientras que en varones es el de próstata, el de pulmón y el colorrectal.

Es muy importante no caer en una visión reduccionista de la salud ambiental enfocada solo en los aspectos de mayor actualidad. Los alteradores hormonales ("disruptores endocrinos") tienen gran impacto sobre nuestra salud y el medio ambiente. Pero no debemos olvidar nunca los problemas de salud ambiental que no están "de moda". Es el caso de la contaminación por metales y contaminantes orgánicos persistentes (consultar p. ej. ATSDR), todavía presentes en muchas emisiones y residuos que producimos, y que terminamos introduciendo en nuestro cuerpo a través de los alimentos que comemos, del agua que bebemos o del aire que respiramos, al igual que los agrotóxicos y biocidas (incluidos los más modernos p. ej. el glifosato y los neonicotinoides como el imidacloprid). Tampoco hay que olvidar en ningún momento que los efectos de la exposición a contaminantes no se limita al cáncer, tienen también un gran peso en el desarrollo de enfermedades cardíacas, neuronales (9), inmunológicas, respiratorias,... Y por último, otra cuestión fundamental es que muchos hábitos de nuestra alimentación y del cuidado cotidiano de nuestra salud tienen una repercusión trascendental sobre la aparición de enfermedades (aunque justo en dirección contraria, las grandes empresas farmacéuticas fomentan la medicalización o enfermedización de la vida de personas: la promoción del consumo de fármacos en lugar de hábitos saludables de vida y enfoque psicológico optimista y constructivo).

Comenta Mercedes Villalobos Torres, compañera de investigación de Nicolás Olea Serrano, en alguna entrevista "es curioso como algunas madres acuden con sus hijos de la mano fumando a preguntarte si la antena de telefonía da cáncer". Y es que lamentablemente todavía es habitual encontrar incoherencias entre la "gente concienciada" como ver a personas protestando sobre el efecto sobre su salud de agrotóxicos e incineradoras de basuras al tiempo que ocasionalmente fuman, manipulan pinturas, pegamentos, barnices, grasas o productos de limpieza tóxicos, o usan envases de plástico degradado para beber... Aún queda camino por recorrer.


[1] Hay quien define la actual situación como "mundo petróleo" o "mundo plástico": casi cualquier cosa que nos rodea tiene partes de plásticos derivados del petróleo. Así, al comprar algún mueble debemos expresamente especificar que queremos "madera maciza" o "madera natural" para que no nos vendan uno fabricado con una mezcla de serrín con gran cantidad (~50%) de pegamentos y otros derivados del petróleo ("aglomerados", "conglomerados", "contrachapados", etc.) y aún más allá especificar que la madera la queremos "sin tratar" para evitar en la medida de lo posible que esté impregnada con numerosos productos tóxicos y nocivos para la salud como fungicidas, barnices, retardantes,... De idéntica forma, al comprar lana tenemos que explícitamente señalar que queremos "lana natural" para que no nos vendan un derivado plástico del petróleo con apariencia de lana ("lana acrílica") y aún confiar que la lana ("natural") que compremos no haya sido tratada con productos tóxicos. Y así, un largo etcétera de ejemplos. Esto está provocando que se esté incrementando rápidamente la contaminación por plásticos, sin olvidar los microplásticos (como las microfibras) invisibles a simple vista humana, lo que está motivando una creciente preocupación.